Albertina Cruzamundos

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Ficha del cuento
8.7

Valores

Controlar la impulsividad

Enseñanza

Las cosas salen mejor y se pueden disfrutar mucho más cuando se preparan y viven con un poco de calma y tranquilidad

Ambientación

El mundo mágico

Personajes

Una niña y sus mascotas mágicas

Abajo tienes el texto del cuento y un enlace para descargarlo. Úsalo para trabajar el desarrollo emocional y cognitivo de tus niños o tu bebé, y ayudarte en tu labor de padre o madre

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Albertina Cruzamundos

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Un cuento para controlar la impulsividad y la impaciencia

Albertina era una niña imparable. Ni ella misma sabía pararse. A todas partes iba corriendo, si algo se le ocurría lo hacía al momento.

- ¡Cuidado que voy! - gritaba al cruzar el reino mágico a toda velocidad.

- Algún día a esta chica le va a pasar algo - decían las hadas del lago.

- O hará daño a alguien- respondían las hechiceras del bosque.

Acertaron las hadas del lago, y en una de sus locas carreras tropezó con un gigante y se rompió una pierna. El golpe fue tan fuerte, y tuvo tan mala suerte, que ya no pudo volver a correr rápido.

Albertina estuvo tan triste que sus padres, magos de primer nivel, decidieron regalarle un veloz pony hecho de golosinas para que volviera a recorrer el reino.

- ¡Genial¡ Ahora además de ser rápida comeré los dulces que quiera. ¡Arre, Arcoiris, vamos a cruzar el lago!

Albertina, tan impulsiva e impaciente como era, arrancaba pequeñas golosinas al pony Arcoiris mientras montaba. Al principio apenas se notaba, pero con el tiempo el precioso pony empezó a verse mordisquedado por todas partes.

- Ese pony va demasiado rápido- decían los druidas.

- Está demasiado delgado, un día se rompe - respondían las ninfas.

Y acertaron las ninfas, porque mientras cabalgaba a toda velocidad, Albertina arrancó la oreja izquierda del pony de un solo mordisco. Este perdió el equilibrio y las pocas golosinas que le quedaban saltaron por los aires.

Albertina acabó incluso peor que la vez anterior. Sus padres sintieron lástima y le regalaron un gran dragón de chocolate. Pero nuevamente Albertina no supo controlarse, y sus ansias por correr y por comer dulces acabaron con ella gravemente accidentada y el dragón convertido en pepitas de chocolate para el desayuno.

La niña volvió a sus lamentos.

- Está muy triste - decía su madre. - Habrá que regalarle algo.

- De acuerdo, pero esta vez algo distinto.

- Sí, algo con lo que no se pueda romper la cabeza, y que le ayude a comer más sano.

Y Albertina recibió un caracol de espinacas, su comida más odiada.

Lloró, gritó, pataleó, protestó y volvió a patalear. Pero no sirvió de nada. Su medio de transporte, su mascota, su mejor amigo, sería desde entonces un caracol de espinacas. Le tocó preparar bien sus viajes, organizar sus comidas y pensarlo todo antes de ponerse en marcha. Al principio se impacientaba por dedicar tanto tiempo a aquellas cosas, pero pronto descubrió que también disfrutaba preparando los mejores momentos, y que eso le ayudaba a vivirlos a tope. Aprendió a apreciar la pausa de su caracol. Ya no le parecía un animal tonto, y ya no tenía ganas de hacer cualquier cosa sin pensarla: todo era mucho más bonito con un poquitín de calma.

Y ahora, cuando cruza el reino mágico a lomos de su caracol, sí tiene tiempo para oír lo que dicen hadas, hechiceras, druidas y ninfas:

- Esta niña llegará lejos. Despacio, pero lejos.

Esta vez, seguro, aciertan todos.

¡Vamos a trabajar el cuento, ahora que aún está fresco!

Un minuto para pensar...

El pony y el dragón resultaron mucho peores para Albertina que el caracol, precisamente porque el caracol era distinto a sus gustos y le descubrió cosas nuevas que se estaba perdiendo. ¿Cómo actúas tú cuando algo no encaja con lo que te gusta? ¿Te atreves a probar comidas o actividades distintas? Sobre la impaciencia, seguro que recuerdas alguna ocasión en que ser impaciente te causó problemas pero, ¿recuerdas algún problema que hayas tenido por ser paciente?

Una buena conversación

Hacer lo primero que se nos ocurre es la receta más segura para equivocarnos a menudo. Cuéntale a tu hijo alguna experiencia personal en la que hayas vivido los peligros de la impaciencia y la impulsividad, no solo de niño, sino también de adulto. Háblale de tus propias luchas por controlar la impulsividad y cuéntale tus pequeños secretos para dominar tus impulsos y hacer lo correcto la mayor parte de las veces.

¿Y si pasamos a la acción?

Para trabajar la paciencia so propongo construir vuestro propio pony de golosinas. Podéis hacerlo creando una estructura de madera, cartón o goma eva. Cada día por la mañana, junto al pony, debéis colocar una golosina. Antes de ir a dormir, habrá que pegar la golosina al pony (¡si es que habéis aguantado sin comerla!). Si alguien se come la golosina, al día siguiente no habrá. Cuando el pony esté completo, podréis celebrar una gran fiesta con dulces para todos

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